El placer que se deriva de catar un Yquem es difícil de describir. Ofrece una miríada de sabores complejos y bien equilibrados que generan aún más armonías con el paso del tiempo. La impresión que permanece recuerda a una cita de Frédéric Dard: «el silencio que sigue a una pieza de Mozart, en el que el oyente permanece impregnado por la música». Esto refleja el hecho de que el Château d'Yquem permanece en el paladar durante un tiempo notablemente largo, proporcionando un placer único y prolongado. Existe una bella expresión en francés para describir el regusto tremendamente largo del Yquem: il fait la queue du paon, lo que significa que se despliega como la cola de un pavo real.
Siempre es difícil describir con precisión las experiencias de cata de vinos. Los sentidos de la vista, el olfato, el gusto y el tacto se estimulan prácticamente al mismo tiempo. Aunque los catadores dotados pueden identificar algunos de los aromas y sabores de una copa de Yquem en un esfuerzo por definir su complejidad, nunca consiguen comunicar realmente su esencia ni explicar su misterio. El mero análisis, ya sea químico u organoléptico, no es suficiente para dar cuenta de la grandeza del Yquem. El Yquem cuenta una historia única... Comienza con el buqué. Aunque no siempre es muy expansivo en las añadas jóvenes, está marcado por la fruta (albaricoque, mandarina y, en ocasiones, frutas tropicales) y la madera (aromas a vainilla y tostados). Las añadas más antiguas, por el contrario, tienen una fragancia extraordinariamente compleja tan pronto como se abre la botella, con notas de frutos secos (albaricoque seco, ciruela pasa, fruta cocida y mermelada), especias (canela, azafrán y regaliz) e incluso flores (tila, etc.). La primera impresión del Château d'Yquem en el paladar es siempre muy sedosa y, a menudo, suntuosa. Luego se despliega, «recubriendo el paladar». Este gran vino tiene un carácter fuerte, pero nunca avasallador, con gran elegancia y equilibrio. Siempre mantiene un equilibrio entre azúcar y acidez (dulzor y frescura). Un toque de amargor también puede contribuir a la armonía general. El regusto del Château d'Yquem es legendario, y cuenta otra historia, que perdura y perdura…